Pides presupuesto para tu web y te llegan dos propuestas muy distintas. Una cuesta bastante menos que la otra. Pero ¿están presupuestando lo mismo?
Tabla de contenidos
ToggleAntes de comparar el precio, conviene mirar qué vas a recibir. Estas son las cosas que deberían quedar claras.
Un presupuesto que hable tu idioma
Antes de preparar un presupuesto, hay que escucharte: qué hace tu negocio, qué quieres conseguir con la web y qué dudas tienes.
Después, toca explicarte la propuesta con palabras que entiendas. Si aparece un término técnico, debe ir acompañado de una explicación sencilla: qué significa, para qué sirve y cómo te ayuda.
No tienes por qué saber qué herramienta contratar. Parte de nuestro trabajo es ayudarte a entender lo que necesitas y que puedas decidir con tranquilidad.
Qué páginas y funciones necesitas
Una página para presentar un servicio no lleva el mismo trabajo que una tienda online. Y dos tiendas tampoco tienen por qué ser iguales.
El presupuesto debe concretar las páginas, los idiomas y las funciones: formularios, reservas, pagos, zona privada o cualquier conexión con otras herramientas.
Si algo importante se ha hablado por teléfono, mejor que también quede por escrito.
Quién prepara los textos y las imágenes
¿Vas a entregar el contenido terminado o necesitas ayuda para prepararlo? ¿Quién busca las fotografías? ¿Hay que retocar el logotipo?
Aclararlo al principio evita muchos retrasos. Puedes traer lo que tengas, aunque esté a medias. Lo importante es saber qué falta y quién se encarga.
Si aún estás en ese punto, aquí puedes ver qué preparar antes de encargar una web.
Qué significa que la web incluya SEO
Conviene preguntar qué trabajo se va a hacer: títulos y descripciones, organización del contenido, configuración de la indexación o revisión de los enlaces, por ejemplo.
No es lo mismo preparar una web para que los buscadores puedan leerla que trabajar su posicionamiento mes a mes. El presupuesto debería distinguirlo. Tampoco basta con prometer que aparecerás primero en Google.
Si es una tienda, qué se va a cargar
Deja cerrado cuántos productos y variantes se incluyen, quién entrega las fotos y las fichas, y cómo se configurarán los pagos y los envíos.
También interesa saber si se incluye una explicación para gestionar pedidos y añadir productos después. Cuanto más concreto sea el alcance, más fácil será comparar propuestas.
Cuándo empieza el plazo
Una fecha de entrega necesita un punto de partida: presupuesto aceptado, materiales recibidos y alcance acordado.
Comprueba si se habla de días laborables y qué ocurre si falta contenido o aparecen nuevas necesidades durante el proyecto.
Las entregas rápidas funcionan cuando todos sabemos qué hay que hacer y tenemos lo necesario para empezar.
Qué pasa con los cambios y el soporte
Pregunta qué revisiones incluye la propuesta, cómo se valoran los cambios que amplían el proyecto y qué ayuda tendrás después de publicar.
El mantenimiento técnico, la formación y las modificaciones de contenido son trabajos distintos. Merece la pena saber cuáles están incluidos y durante cuánto tiempo.
Los gastos que vienen después
Dominio, alojamiento, licencias y servicios externos pueden tener renovaciones. El presupuesto debería indicar quién los contrata, quién los paga y qué coste se conoce de antemano.
Revisa también los impuestos y la forma de pago. Así podrás valorar el coste del proyecto con todos los datos.
¿Y si todavía no sabes qué necesitas?
No hace falta llegar con una lista perfecta. Cuéntanos qué hace tu negocio, para qué quieres la web y qué tienes preparado. Primero te escuchamos. Después, te ayudamos a ordenar las ideas y te explicamos qué te proponemos y por qué. Así sabrás qué estás contratando y cuánto te va a costar.