Actualizado el 9 de octubre de 2026.
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ToggleEntras en una tienda online, encuentras una camiseta que te gusta y quieres comprarla. Pero no sabes dónde elegir la talla. O llegas al pago y descubres unos gastos de envío que no habías visto.
También pasa en las webs de servicios: buscas qué hace una empresa, recorres varias páginas y acabas llamando para preguntar algo que debería estar explicado.
La usabilidad web tiene mucho que ver con estas situaciones. Consiste en que una página sea fácil de entender y de utilizar.
Vamos a verlo con ejemplos.
Un menú que ayuda a encontrar lo que buscas
Imagina que buscas un fotógrafo para tu boda. Entras en su web y el menú dice «Esencia», «Universo» y «Conexiones». Puede sonar original, pero tendrás que abrir cada apartado para averiguar qué contiene.
«Bodas», «Otros trabajos», «Sobre mí» y «Contacto» te orientan mejor.
Puedes dar personalidad a los textos sin complicar la navegación. El menú debe ayudar a alguien que todavía no te conoce.
Haz esta prueba: pide a una persona que encuentre uno de tus servicios. Observa dónde pulsa y qué le hace dudar. Déjala intentarlo antes de explicárselo.
Botones que dejan claro qué va a pasar
«Enviar» puede funcionar en un formulario. Pero, según el contexto, «Solicitar presupuesto» explica mejor para qué sirve.
Lo mismo ocurre con los enlaces. Si hay varios botones que dicen «Más», cuesta distinguir si llevan a un producto, a un servicio o a una página sobre la empresa.
También importa dónde aparecen. Después de explicar un servicio, ofrece una forma de preguntar por él.
Por ejemplo: en una página sobre reformas, el botón «Cuéntanos qué quieres reformar» puede abrir un formulario adecuado para esa consulta.
Formularios que no dan trabajo de más
Para una primera consulta quizá necesites nombre, correo y una breve explicación. Pedir dirección completa, cargo, tamaño de empresa y otros datos puede resultar excesivo si todavía no hacen falta.
Cada campo debería tener una etiqueta clara. Si alguno es obligatorio, indícalo antes de que la persona intente enviar el mensaje.
Y cuando haya un error, explica cómo corregirlo.
«Revisa el formulario» obliga a buscar el problema. «Comprueba tu correo: falta el símbolo @» ayuda a resolverlo.
Una comprobación útil: rellena el formulario dejando un campo obligatorio vacío. ¿Te dice cuál falta? ¿Conserva lo que ya habías escrito? Después envíalo correctamente y comprueba que llega.
Una tienda que explica la compra antes del pago
Comprar implica tomar varias decisiones: producto, talla, cantidad, envío y forma de pago. La tienda debe mostrar la información necesaria en cada momento.
En una tienda de ropa, por ejemplo, conviene poder consultar las medidas cerca del selector de talla. Una foto bonita no resuelve esa duda.
Antes de confirmar el pedido, el cliente debería entender qué está comprando y cuánto va a pagar. También debe poder corregir una cantidad o quitar un producto sin empezar otra vez.
Prueba tu tienda como si fuera la primera vez: elige un producto, añade una variante y avanza hasta el pago. Anota cualquier información que hayas tenido que buscar fuera de ese recorrido.
Un móvil en el que se pueda leer y pulsar
Algunos problemas solo se descubren en una pantalla pequeña.
Un menú puede tapar el botón de cierre. Dos enlaces pueden quedar tan juntos que pulsas el equivocado. O un botón flotante de WhatsApp puede cubrir parte del formulario.
Comprueba también los avisos de cookies y las ventanas emergentes. Son parte de la experiencia de uso.
Haz una tarea completa desde el móvil: encontrar un servicio y contactar, reservar una cita o añadir un producto al carrito. No te limites a mirar la portada.
Textos y controles que se puedan distinguir
Un gris muy claro sobre blanco puede quedar delicado, pero costar mucho de leer. Un enlace del mismo color que el texto puede pasar desapercibido.
La estética tiene que permitir que se reconozca lo importante. Los títulos, enlaces y botones deben distinguirse sin obligar al visitante a adivinar.
También conviene comprobar que la web se puede recorrer con el teclado y que se ve qué elemento está seleccionado. Esto ayuda a personas que navegan sin ratón.
Estas pruebas son un primer paso. No sustituyen una revisión completa de accesibilidad.
Cómo detectar qué está fallando en tu web
Elige una tarea importante para tu negocio y pide a alguien que la haga sin ayuda.
Puede ser encontrar un servicio, consultar las condiciones de envío o enviar una solicitud de presupuesto.
Observa dónde se detiene, qué intenta pulsar y qué preguntas hace. Ahí tendrás pistas concretas para mejorar.
No hace falta cambiar toda la web cada vez que encuentras un problema. A veces basta con renombrar un apartado, explicar mejor una condición o corregir un formulario.
Si quieres revisar otros aspectos, también puedes consultar nuestra guía sobre los cinco elementos clave para una página web de éxito.
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