Entras en tu web y piensas: «Esto necesita un cambio». Las fotos tienen unos años, hay servicios que ya no ofreces y, en el móvil, algunas cosas no se ven como deberían.
Tabla de contenidos
TogglePero ¿hay que hacerla entera otra vez?
Depende de lo que esté fallando. A veces, poner al día los textos y arreglar unas cuantas cosas es suficiente. Otras, empiezas tocando una cosa y descubres que hay bastante más detrás.
Antes de meterte en ese gasto, merece la pena mirarlo con calma.
¿Qué es lo que ya no te sirve?
Prueba a entrar como si fueras un cliente. ¿Se entiende lo que ofreces? ¿Encuentras cómo contactar? ¿Puedes hacerlo desde el móvil sin ampliar la pantalla ni pelearte con el menú?
Después piensa en lo que te cuesta a ti: cambiar un precio, subir una foto o añadir un servicio.
Ahí empiezan a salir los problemas concretos. «La veo antigua» dice poco. «Me dijeron que podría cambiar las cosas yo, pero no sé cómo hacerlo» ya nos ayuda a entender qué necesitas resolver.
Y si el formulario no te llega, hay que averiguar por qué. Hacer una web nueva no debería ser la primera respuesta a cualquier problema.
A lo mejor basta con unos cambios
Si la web funciona, se puede mantener y permite hacer lo que necesitas, quizá no haga falta empezar de cero.
Puede que tengas buenos servicios, pero estén mal explicados. O que el contacto esté tan escondido que cueste encontrarlo. Eso se puede revisar sin tirar todo el trabajo anterior.
También hay que mirar lo que no se ve: si las herramientas que utiliza siguen recibiendo actualizaciones y si se pueden hacer los cambios sin dejar otros problemas pendientes.
Lo que hicimos con Fincas Rústicas Ártic
A Fincas Rústicas Ártic le habían hecho la web hacía poco, pero publicar sus fincas era mucho más complicado de lo que esperaba. La había encargado precisamente para poder gestionarla él y, a la hora de usarla, no sabía cómo subir los anuncios.
No quería volver a pagar una web entera, y lo entendíamos. Así que aprovechamos la que tenía y la adaptamos para que pudiera editar y publicar sus fincas. También le dimos un lavado de cara para modernizarla y que encajara mejor con el buscador que utilizaba.
En su caso, lo que necesitaba era poder usar la web que ya había pagado.
¿Y cuándo compensa hacer una nueva?
Cuando arreglarla supone ir poniendo un parche detrás de otro, hay que hacer números.
Por ejemplo, si tu negocio ha cambiado y la estructura ya no encaja. O si cada modificación cuesta muchísimo porque la web está montada sobre una herramienta que ya no tiene soporte.
En ese caso, pide que te expliquen cuánto costaría arreglarla, qué se solucionaría y qué seguiría igual. Y compáralo con hacer una nueva, sabiendo qué incluiría cada opción.
No tienes por qué conocer la parte técnica. Quien te prepare la propuesta debería poder explicártelo con tu propia web delante.
Si nadie te escribe, revisa algo más que el diseño
Una web más bonita no garantiza que lleguen consultas.
Primero hay que saber si recibe visitas y a qué vienen esas personas. Quien entra para resolver una duda de un tutorial quizá no esté buscando contratarte.
Después toca revisar si se entiende lo que haces, si muestras trabajos que ayuden a confiar y si resulta fácil dar el siguiente paso.
Y prueba el formulario. Envíalo y comprueba que el correo llega al buzón correcto. Ver un mensaje de «enviado» en la pantalla no basta.
Ojo con quitar lo que ya está funcionando
Antes de borrar páginas o cambiar sus direcciones, conviene revisar cuáles reciben visitas y cuáles generan consultas.
Si una dirección tiene que cambiar, hay que preparar el salto de la antigua a la nueva para que quien llegue desde un enlace no se encuentre un error. Es una de las comprobaciones que recoge Google en su guía para cambiar las direcciones de una web.
Rehacer una web también implica ocuparse de eso. No solo de cómo va a quedar la portada.
Que el presupuesto se entienda
Cuando tengas una propuesta delante, deberías saber qué se va a hacer, qué tienes que entregar tú, qué se aprovecha de la web actual y qué ayuda tendrás después.
Si algo no se entiende, pregunta. De nada sirve recibir una lista de palabras técnicas si al terminar sigues sin saber qué necesita tu negocio.
Puedes apoyarte en nuestra guía sobre qué debe incluir un presupuesto web para revisar esas dudas.
Cuéntanos qué te pasa con tu web
Pásanos la dirección y cuéntanos qué te está dando problemas o qué te gustaría poder hacer. Lo vemos contigo y te explicamos qué opciones tienes.
Así podrás decidir si merece la pena actualizarla o si ha llegado el momento de hacer una nueva.